Ayer fue un día al final del cual llegué muy feliz. Dicen los expertos que es porque el celebrar trabajos hechos genera felicidad (y eso aplica aunque el trabajo sea de otro).
Empiezo por el final porque es lo que menos “repercusión en los medios ha tenido”. El amigo Fernando (el mismo de Valdelinares ) presentaba la culminación de un proyecto en el que llevaba trabajando mucho tiempo: una colección de novelas históricas que pretenden contar la pequeña parte de la historia de occidente que le pertenece a Valencia, pues sus protagonistas fueron valencianos. La colección que edita Vicent Garcia Editores todavía no tiene web propia pero sí tienen links los tres primeros de los libros: El Papa del mar de Blasco Ibáñez, El Laberinto, de Sony Grau y Hecatombe de Eric Escales. Sé del cariño y esfuerzo que ha puesto Fernando en este tema, por ello me alegré de ver culminada una etapa, ahora sólo falta que las ventas acompañen… Y acompañarán.
Por la mañana estuve en Pincasa (empresa de la familia empresaria Segura) que da trabajo a un equipo de la Fundación Espurna en sus instalaciones. La celebración consistió en que el seleccionador del equipo nacional de fútbol Vicente del Bosque visitó la empresa (referencias aquí y aquí). Y fue una celebración. Se celebró el trabajo de mi hermano Javier (loas a integradis también hubo) que coordinándose con Jorge Olcina habían conseguido lo que otros no se creían.
Luego del Bosque siguió visitando Espurna pero ya en Gandía (en este artículo podeis ver al mejor entrenador del mundo con el mejor entrenador de la Safor… y estaban en la Safor). Aquí hay un resumen y también aquí y aquí (donde salen mis hermanas y mi padre). Hay muchos más links pero los buscais vosotros aquí
Por la noche me llamó un miembro de la familia Segura para darme las gracias (era yo quien se las tenía que dar a él) y los dos convinimos que teníamos que seguir celebrando.
Nada más satisfactorio que celebrar: pero IMPORTANTE no hay que esperar a la alegría para celebrar, la alegría se obtiene de la celebración.
La celebración genera alegría y no es el resultado de la misma. Etimológicamente célebre es el lugar dónde se reunian las multitudes. Celebrar implica siempre una referencia a un acontecimiento que provoca un recuerdo o un sentimiento común.
Celebremos, lo que sea pero celebremos.
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