Me discute First mi planteamiento de que hay que celebrar, sin necesidad de esperar a estar alegres, sino con la esperanza de estarlo por la mera celebración.
Parto de un supuesto fundamental, como indica First, “es bueno estar alegres”, es un bien en si mismo, y creo que hay que buscarla siempre y en todo caso. Es incluso una obligación para algunos.
Mi hipótesis es la siguiente: La alegría es un bien, cuya producción colectiva multiplica la alegría del individuo que participa de la misma . Pero la celebración en común de la alegría no sólo la alimenta sino que puede generarla de la nada.
A continuación defiendo mi hipótesis convirtiéndola en tesis (es un poco rollera pero es que las dudas de FirstReply me han llevado a leer demasiado en los últimos días).
Si mi tesis es cierta (y lo es), mi afirmación “celebrar genera alegría y por ello hay que celebrar aunque creamos que no hay nada que celebrar” es simplemente un corolario.
Demostración
Algunos autores clásicos como Descartes o el citado Santo Tomás establecen que “la alegría es una pasión suscitada por un bien presente”. El bien no es necesariamente un bien físico. Y más aún que la propia alegría es un bien.
También encontrarse con otro es un bien. El hombre es social, y necesita del otro, no sólo para salir adelante sino también para encontrarse o reencontrarse, para conocerse y reconocerse. Y es en el propio encuentro donde encuentra alegría.Si encontrarse con el otro es un bien, entonces el mismo encuentro puede generar alegría.
La alegría es, desde un punto de vista económico, un bien de producción colectiva, como la cultura, la ciencia, el software o la religión. La generación de ese tipo de bienes es tanto más efectiva cuanto más productores intervengan en la misma. Por ello la cultura popular afirma que “alegría compartida es doble”
La alegría es un sentimiento, una pasión del alma. Aunque Sto Tomás de Aquino colocaba la alegría como sinónimo de gozo, otros autores lo diferencian, siendo el gozo algo más personal e íntimo.
La alegría es el sentimiento contrario a la tristeza. Desde un punto de vista aritmético, más alegría supone menos tristeza. Y además afirma nuevamente el refrán que “las penas compartidas son menos”
La alegría (como cualquier bien) es de suyo expansiva, (esta reflexión se atribuye a Aristóteles). La alegría va por ello asociada a una expansión del espíritu y también del cuerpo. Probablemente no se pueda hablar de alegría si no se ha exteriorizado. La mayor parte de los psicólogos comparten que la “La tristeza invita a un repliegue [...] mientras que la alegría busca un nosotros con el que compartir, aumentar y difundir la onda expansiva de la vitalidad interna”.
Por todo ello, si la alegría es un bien, y el encontrarse y reconocerse en el otro es un bien, si la alegría es la expresión de un bien, encontrarse y celebrar es un generador y amplificador de alegría.
La alegría ha sido considerada tradicionalmente una “pasión” del alma. Defiendo pues que la alegría es mayor cuando es com-pasión.
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