El otro día coseché una buena cantidad de tomates.
Los hechos son los siguientes:
1. Mi tío, y creo que mi hermano y su suegro plantaron hace tiempo un “tomacar” en el huerto de mi padre.
2. El tomacar creció por su cuenta y riesgo. Aunque no creció mucho.
3. Hace tres semanas me sentí Don Vito Corleone, y decidí dedicarle un tiempo al tomacar.
4. El primer día (primer sábado), el tomacar se encontraba en un estado deplorable. Uno o dos tomates correctos, la mayoría podridos o comidos por los pájaros. Y además toda la planta estaba por el suelo. Le dedique un tiempo (una o dos horas) a limpiar y a “nosenicomosellamalatecnicaporlaquelaplantapasaatreparlascañas”.
5. El segundo día (segundo sábado) había unos cuantos tomates más (como uno o dos kilos) pero no demasiado buenos. Pero la planta estaba muy seca. Seguí con el mismo trabajo de la semana anterior (una o dos horas) Pedí a mi padre que abriera el riego por goteo.
6. El tercer día (el tercer sábado), tras el riego y tras una hora más de trabajo, había recogido muchos kilos de tomates. Acompaño prueba fotográfica.
Como buen agricultor aficionado me dediqué a ir regalando tomates a diestro y siniestro (yo no me los podía comer). Y al que me preguntaba le decía, que sí que los había cultivado yo, durante tres semanas.
Alguien que me quiere mucho, ha ido recorriendo los mercados en los que yo distribuí mi preciada fruta, al grito de: “¿te ha dicho que los ha cultivado él? Pero si sólo ha ido tres veces!!!
Ciertamente yo no planté, y ni siquiera regué (eso lo hizo el riego por goteo). Me limité a pasar al sol del mediodía (los agricultores aficionados somos así) tres horitas. Y conseguí unos tomates.
Es cierto que yo sólo he ido tres veces, pero es cierto también que cuando yo fui por primera vez no había nada que recoger y ahora sí.
¿Realmente cultivé yo los tomates o no?
Para mí es importante saberlo porque puede cambiar radicalmente lo que hice o no hice al día siguiente.
¿qué hice?
Creo que me tiré en paracaidas.
Estoy empezando a pensar que no me tiré. En realidad no me puse el paracaidas, ni siquiera me puse los arneses (porque me los pusieron). Arriba a 4000 metros me empujaron a saltar. (probablemente yo sólo me hubiera acojonado en el último momento) Me empujó un paracaidista profesional que era el que se había encargado de fijarse el paracaidas y de que estuviera listo.Él dejó que durante un minuto cayeramos en caída libre, y luego tiró de la anilla. Y luego aterrizó. Esta es la prueba.
En realidad, técnicamente, yo sólo pagué con el dinero que había sacado del cajero.
¿Me tiré o no me tiré en paracaidas?
¿Cultivé o no cultivé los tomates?
¿Escribo yo este blog o en realidad sólo pierdo 10 minutos cada cierto tiempo?
A mí me lo parecen por eso no he subido a ninguna.
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