Bares, pubs y discotecas abiertas. Verbenas populares en la plaz del pueblo suspendidas

Desde hace unos meses la Covid-19 ha matado a centenares de miles de personas. Decenas de miles sólo en España.

Esta situación ha hecho que aceptemos cosas que técnicamente son intolerables. Por ejemplo que nos arresten en nuestro domicilio, que suspendan la actividad económica o que no me dejen pasear por la playa.

Todo por el bien común. Que me parece bien. Es de sentido común.

Lo que no acabo de entender es como se prohíben las verbenas de los pueblos, pero se permite que haya bares de copas, pubs y discotecas abiertos. En Gandia o en Peñíscola (y en tantos otros sitios) los jovenes se infectan en pubs y discotecas. Como no podía ser de otra manera.

Son jóvenes y necesitan relacionarse. la cuestión es porqué no cierran las discotecas y abren verbenas populares en la plaza del pueblo, o en la playa.

Sabemos positivamente que el virus se transmite muy malamente en espacios abiertos.

1. Aquí tenemos un paper de unos chinos donde indican que de 7000 “brotes comunitarios” hubo UNO en el que estaban en el exterior (y ese UNO era porque los dos infectados estuvieron hablando varias horas el uno con el otro).

2. Un paper de unos japoneses en el que establece que la probabilidad de infectarse en un evento en el exterior es 20 veces inferior al mismo evento en el interior. Es decir que si en el interior tenías una probabilidad de infectarte de un 10% la probabilidad de infectarte en el exterior es de un 0,5%

3. En Marzo 2019 en las Fallas de Valencia, con los que habían traido el virus de Milan (partido Valencia-Atalanta) deambulando por las calles. Las mascletàs, verbenas, paellas y demás no hubo casi incidencia comparada con Madrid.

4. La manifa del 8-M provocó enfermos como la ministra Montero sufrió. Pero como ella misma dijo porque iba besito por aquí besito por allá. Y probablemente luego se fueron a celebrar el éxito.

5. Las manifestaciones por el asesinato de Floyd no han provocado una gran expansión del virus.

El sentido común dice lo mismo que los datos científicos y las observaciones empíricas.

En condiciones normales hace falta un buen rato de rato de respirar el mismo aire contaminado para contaminarte tú mismo. En estas infografías de El Pais queda bastante claro de cómo se produce la infección en espacios cerrados. Hace falta una persona infectada en situación de infectar expeliendo virus por la boca, y otra persona susceptible enfrente de la primera cogiendo el virus. Hace falta que el nuevo infectado adquiera una masa crítica de ese virus para que éste se reproduzca.

Pero todo eso no se produce en cinco minutos y menos si se lo lleva la brisa del mar.

Las distancias de seguridad (más fáciles de conseguir al aire libre que en espacios cerrados por pura lógica geométrica) y el aire circulando en una única dirección (lo que exige que no haya aire acondicionado) la cantidad de virus que pasa de una persona infectada a otra es ridícula.

¿porqué se prohíben las verbenas en la plaza del pueblo y se mantienen abiertas las discotecas?

¿por qué se restringe el acceso a las playas y se abren los cines?

¿por qué se restringe la salida de la gente a su segunda residencia, que generalmente es más amplia y tiene más espacio?

¿por qué hay funcionarios de Salud Pública que sugieren a los centros que atienden a personas con discapacidad intelectual que los confinen en casa? ¿Qué hacen en Agosto confinados? ¿enchufar el aire acondicionado?

La evidencia muestra que el covid-19 se expande facilmente. Mucho más fácilmente si estás encerrado en una habitación que si estás al aire libre.

La evidencia muestra que el covid-19 mata. Y que mata mucho.

Mató a miles de ancianos en las residencias, que murieron solos con las puertas cerradas. Y una enfermera que trataba a uno iba a atender a otro en la habitación, y luego a otro… Y allí murieron solos en sus habitaciones.

¿Hubieran muerto tantos si hubieran estado paseando por los jardines? Creo que se hubieran infectado menos. Y en cualquier caso al menos no hubieran muerto solos.

Evaluación: ¿Justa o Misericordiosa?

Miles de alumnos se enfrentan a la denominada Selectividad. Miles de padres, amigos y familiares (y hasta de Ministres y Conselleres) están de acuerdo con que los pobres niños (de 18 años) se enfrentan a la situación más rara de la historia del selectivo.

Así que todos esperan que los correctores sean benévolos: ¡pobres chicos!

La benevolencia se debiera traducir en que “no sean duros” con ellos. Se suele traducir esto por preguntas fáciles y profesores que disculpan los pequeños errores que puedan cometer.

Es decir que sean misericordiosos más que justos.

Lástima que el objetivo de las pruebas EBAU no sea seleccionar (selectividad) quien puede y quien no entrar en la Universidad. El objetivo de la prueba EBAU (Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad) es asignarle un valor al “conocimiento” del alumno con respecto al “Bachillerato” para así establecer una prelación entre los alumnos que quieren estudiar una carrera.

La misericordia ha hecho que las notas de Bachillerato ya han sido convenientemente infladas dadas las dificultades de los alumnos para estudiar. Y ahora la misericordia hará que se hinchen las notas del examen de “selectivo”.

Y entonces el alumno que quiera estudiar Medicina en la Facultad de Valencia tendrá que superar una nota de corte de 13,6.

Y habrá gente que con 13,57 no podrá entrar y se acordará toda la vida del 9 que le puso el profesor de Educación Física de primero de Bachillerato porque no sabía hacer el pino-puente,  y que ese traspiés (debido a su capacidad para el estudio y su nula flexibilidad) será irrecuperable porque al año siguiente han sido “benévolos” con sus compañeros que sí hacían el pino puente aunque en realidad no sabían integrar.

Y es entonces cuando la Injusticia se convertirá en la otra cara de la Misericordia. Porque sólo Dios puede ser Justo y Misericordioso, los humanos hemos de optar.

Una reflexión más sobre el futuro de la docencia

En estas semanas de Covid he dado unas cuantas horas de clase (más de 100) a diferentes horas del día y de la noche, en diferentes universidades y con diferentes plataformas.

Un alumno me dijo que no me quejara tanto, que me lo estaba pasando en grande. Lo cual por otro lado es cierto. Me equivoqué mucho y por eso aprendí mucho. Pero no sobre contenidos, aprendí sobre herramientas.

Y nuestros alumnos también han aprendido. Tampoco sobre contenidos (no creo que hayan aprendido nada) sino sobre herramientas -especialmente sobre “demostración colaborativa del aprendizaje”.

Con esta inmersión forzada en el nuevo mundo ¿qué futuro le queda a la docencia presencial? Nada si sigue pensando en el “alumnado”. Todo si se concentra en el “alumno”. Nada si cree que es “transmisora de conocimiento”. Todo si se define como “promotora del individuo”.

En el alumnado ya piensan las plataformas online. Las estadísticas son cada vez más fiables y nos indican que funciona bien y mal, y cual es su nivel de impacto.

Las herramientas que hemos podido utilizar permiten “escalar hasta niveles planetarios” la docencia que sea mera transmisora de conocimiento (e incluso de experiencia).

Pero en un mundo global, la personalización que persigue la promoción del individuo concreto, exige recursos que permitirán que el que quiera no se quede atrás.

La teoría e incluso la práctica se podrán masificar sin límites. De hecho ya ha sido masificada, aunque no hemos despedido aún a los profesores que sobrarán. Como profesor podré “motivar” al alumno a que se estudie el material. Del mismo modo que el cantante hace conciertos para vender discos.

Sin embargo, la enseñanza de la “poiética”, enseñar a hacer  con la teoría y la práctica, seguirá requiriendo la transmisión maestro a aprendiz.

El famoso enseñar a “saber hacer” será el último reducto del profesor, que volverá a ser maestro de muy pocos alumnos durante largo tiempo. Y dejará de ser profesor de muchos (en realidad no tantos) durante un cuatrimestre.

Datos quiero, datos tengo: Un diálogo de besugos

Últimamente vivo, y veo como viven, un diálogo de besugos entre los que tienen datos (los hospitales y los servicios de salud) y los que quieren datos (matemáticos de diferentes orígentes) que saben que pueden convertir los datos en información que puede ser relevante.

Hay quien lo califica un “mercadillo” de datos. Más bien es un atrio de templo, lleno de pordioseros mendigando limosna. (Sirva como ejemplo este link http://covid19.clapton.uca.es/#/home donde unos de la Universidad de Cádiz montan un modelo con datos que unos de Navarra han conseguido de un hospital de Galicia (creo que Santiago) a través de una universidad de La Coruña. Centenares de miles de pacientes en toda España y no hay más datos sobre la estancia en los hospitales y UCIs?????

La excusa es “la ley de protección de datos”. Nadie sabe qué dice la ley ni de qué nos protege exactamente. Pero es una gran excusa. Para pedir datos has de decir qué necesitas exactamente, como no sabes qué datos hay, no sabes qué datos puedes utilizar, ni sabes qué se puede conseguir, pero sin saber lo que quieres obtener no se puede saber qué datos hay….

De todos modos es, desde mi punto de vista, simplemente una excusa para no entrar en el fondo de la cuestión: compartir los datos.

Porque, si no existiera la LPD, el diálogo de besugos sería el siguiente:

  1. Simplicio: Necesito ayuda para tomar decisiones
  2. Salviati: Se puede construir un modelo (los modelos son representaciones explícitas y externas de parte de la realidad que ayudan a entender, gestionar, controlar o mejorar dicha parte de la realidad)
  3. Simplicio- Perfecto. ¿qué datos necesitas? Lo que haga falta
  4. Salviati – Necesito estos datos, debes tenerlos aquí y allá
  5. -una semana después- Simplicio- uff! Esos no los puedo compartir, he estado revisándolos y hay errores
  6. Salviati – Díme qué tienes
  7. Simplicio – Díme que necesitas
  8. Salviati – Podría hacerlo con estos otros datos, debes tenerlos aquí y acullá
  9. Volvemos a paso 6
  10. El bucle se interrumpe cuando ya no hace falta ayuda al cabo de uno o varios meses

Curiosamente la conversación anterior no es inocua. Al ir mejorando la calidad de los datos, el sistema va entendiendo mejor su problema, corrige algunas imperfecciones, depura responsabilidades. Y entonces el modelo ya no hace falta, el problema se ha disuelto (no se ha resuelto) pero la ayuda que hace falta es otra.

¿Por qué tanta reticencia a compartir datos?

La razón 1 es que “los datos no son correctos 100%”. Es como un cierto pudor a mostrar que no somos perfectos. Desde mi punto de vista es lógico que los datos no sean correctos 100%. Es muy caro saber todo, todo el tiempo. Por ejemplo la mayor parte de nosotros no sabemos cuanto café hay en nuestra despensa. No tiene sentido saberlo todo todo el tiempo. Pero hay que tener una cierta humildad para admitir que los datos (esos de los que presumíamos antes de tratar de utilizarlos) nunca serán 100% correctos. ¿Cuál es el coste de tener datos 100% correctos? Enorme. Un ejemplo: en la caja de una oficina bancaria sólo manejan billetes y algún otro tipo de documento. Tienen máquinas para medir, cuentan los billetes una y otra vez antes de anotar el movimiento, y (de vez en cuando) se quedan toda la tarde intentando “cuadrar” caja. Y lo hacen con menos de 20 referencias (6 tipos de billetes, 8 tipos de  monedas y otras cosas más). ¿Cual es el coste de mantener inventario cierto 100%? Y (de vez en cuando) hay errores.

La razón 2 es que “los datos no representan la realidad con suficiente detalle”. ¡¡¡Como no podía ser de otra manera!!! La realidad es muchísimo más que un conjunto de datos: 24 horas de 10 cámaras de vídeo en una habitación no representan la realidad, sólo las imágenes, para saber las temperaturas necesitaríamos cámaras infrarrojos y en cualquier caso los olores por ejemplo no están representados…

La razón 1 y la razón 2 son tan infantiles que sólo pueden ser excusas que ocultan algo más profundo.

  1. No hay datos (y si los hay no sé acceder a ellos)
  2. No me hablo con los informáticos (a lo mejor porque me cobran un dineral por cada consulta) y no puedo pedirles nada
  3. Los datos permiten intuir parte de la realidad que no queremos que se conozca (porque la conozco o peor aún porque no la conozco). Este motivo es muy habitual cuando el que solicita el modelo es el jefe del que tiene que aportar los datos y el que hace el modelo sabe suficiente para reconstruir la realidad
  4. Los datos indican que hice algo que debiera haber sido hecho de otra manera.
  5. Los datos pueden indicarnos lo que hemos de hacer (y no queremos hacer -eso en particular o nada en general)
  6. Los datos pueden indicar que no hemos de hacer algo que sí queremos hacer

Nadie aceptará que está en alguno de los puntos anteriores así que insistirán en las razones 1 y 2.

Pero entonces ¿qué se puede hacer?

Hay un modo de superar ese bloqueo.

En cada conversación con usuarios y stakeholders aprendes algo más del sistema.

En algún momento se puede generar un modelo que, sin datos, es aparentemente inútil.

Pero permite validar hipótesis, y comenzar a “opinar” sobre la realidad, teorizando sobre las cosas que están ocultas en una suerte de problema inverso.

Cuando el propietario de los datos ve que le comienzan a acusar de “cosas inciertas” comienza a aportar datos para demostrar que no es eso. Cuantos más datos aporta mejor es el modelo y más cerca se está de la solución.

Algo así como la madre que aventura que el niño está enamorado. Es una hipótesis plausible: o bien el niño está enamorado (en cuyo caso el problema está detectado) o bien permite seguir indagando a la búsqueda del problema.

 

 

 

 

 

 

Reunión para la Toma de Decisiones

Me explicó una vez un amigo que en las reuniones se producen tres tipos de actos:

  1. Se comunica información que viene de fuera
  2. Se crea consenso a través del debate
  3. Se toman decisiones

Me explicó otra vez otro amigo que para “planificar” se realizan tres actividades que son esencialmente diferentes:

  1. Se prevé lo que pasará en el futuro
  2. Se calculan los recursos necesarios y se decide cuánto se puede conseguir y para cuándo
  3. Se programa la actividad (se dice quien va a hacer las cosas y cuándo las va a hacer)

Me imagino las reuniones en las que se toman decisiones en situación de emergencia. A ellas acude gente de todo pelaje y condición que tienen su propio juego de objetivos (ya sea ayudar, ya sea tomar el control, ya sea demostrar que él siempre tuvo razón…), acostumbrada a ir a las reuniones a criticar las decisiones y ver si consigue que le asignen más recursos.

La reunión sigue el siguiente camino

  1. “unAlguien” llega con unas tablas y unos gráficos que la mayor parte de la gente no sabe interpretar, así que todos miran interesados o aterrorizados los datos, y los comentan. Es el último momento en que hay consenso en la reunión.
  2. “otroAlguien” hace unos números por encima (siempre hay algún freaky en las reuniones) y calcula los recursos que necesita para hacer frente a esa previsión. Evidentemente con el sesgo de su agenda personal. Resume sus cálculos en voz alta, hasta que indica los recursos necesarios a los demás miembros de la reunión.
  3. “LosAfectados” que tienen que poner los recursos (aunque sólo sea que tienen que hablar con otros para ponerlos) se dan cuenta que les han pasado la pelota. Antes de jugarla comienzan a dudar del cálculo que ha hecho “otroAlguien”, preguntándole cosas cómo ¿por qué dices que hay que hacer eso? ¿cómo has hecho el cálculo? y ¿de dónde ha sacado los datos?
  4. Un “primertercio” de la reunión comienza a elaborar planes alternativos al plan que había hecho “otroAlguien” pero no cuantifica nada, y en general sólo propone que debía haberse planificado otra cosa.
  5. Otro “segundotercio” de la reunión comienza a rehacer los cálculos dudando del modo de hacerlos y de las previsiones. Pide que alguien rehaga las previsiones que seguro están mal.
  6. El “últimoTercio” de la reunión se pregunta que qué hace allí con la de follones que tiene por resolver -en el plan original ellos salían de rositas-. Hasta que de repente el primerTercio insinúa que hay un plan alternativo en el que miembros del tercerTercio podrían estar implicados.
  7. El “últimoTercio” se divide en tres nuevos tercios los que dudan del plan, los que dudan de las previsiones, y los que creen que “ya solo faltaba esto”, pero que no pueden abandonar la reunión puesto que saben que en cualquier momento les toca pringar. No se pueden incorporar a los primeros tercios porque aquellos ya llevaban su dinámica así que generan más miniconversaciones,
  8. Quizá alguien consigue romper la dinámica generando más previsiones, más planes y ningún programa. En cualquier caso se pasa al paso 4.
  9. Se levanta la sesión.

Y eso es bueno para los que tenían que haber tomado decisiones.

Es más fácil no saber que van a hacer falta 1000 litros de lejía adicionales que tener que discutir con el contratista exigiéndole que se aprovisione.

Es más fácil no saber cuántos TCAE hacen falta para atender a 50 pacientes hospitalizados con Covid-19, no vaya a ser que haya que negociar con los sindicatos acerca del trabajo nocturno o los fines de semana.

Es más fácil no saber cual es la carga de trabajo adicional de dar clases online o evaluar online a los alumnos.

Cada vez entiendo más a alguien que me decía: “yo no vullc saber tant”.

En cualquier caso (como siempre) los de las trincheras harán lo mejor que puedan su trabajo. Y pronto olvidarán que había alguien que tenía que haber tomado decisiones.

Los Santos son la obra maestra de un Dios que Provee

Hoy hace un año que mi padre nos dejó un poco más solos, un mucho más huérfanos.

Tras unos meses que a él se le hicieron largos y a mí cortos, pudo ir a descansar. Y ahora su descanso se nos hace largo a los demás.

Se fue con mucho hecho pero se dejó aquí mucho por hacer. La muerte de un ser querido te destroza el corazón, la muerte de un ser necesario te destroza el cerebro porque te enfrenta a la (i)lógica de la muerte (que -me repito a mí mismo- es la lógica de la vida).

Mi padre estuvo más allá que acá justo antes de Navidad. Las oraciones que mi madre pidió (y consiguió) hizo que San Pedro lo retornara del lugar donde quería ir. Nunca olvidaré la alegría de verlo despierto después de una semana con mil máquinas en la UCI, justo antes de Navidad.

Resucitó. Fue un milagro, de los que suben al altar al invocado. El día antes se le había parado hasta el aparato digestivo (todo lo demás funcionaba con máquinas). El Señor nos regaló unas semanas más, que nos permitieron despedirnos un poco mejor, y aprender un mucho más.

Gracias a que sufrió (resignadamente, pero sufrió) las últimas semanas mi duelo inmediato no fue tan doloroso. El cariño de todos, las misas de funeral, los amigos y conocidos que vinieron a acompañar reconforta. Sabíamos que subía al Cielo sin escalas en ningún lado y sobre todo sabíamos que merecía descansar.

Pero a medida que pasaban los días, cada vez me sorprendía a mi mismo preguntándole si “¿no havia descansat ya prou?”. El recuerdo duele en cada momento que crees que está ahí o que crees que debiera estar ahí.

Tuve la suerte de que me dejaran hacer el discurso de agradecimiento en el Ayuntamiento cuando lo nombraron hijo adoptivo de Gandia. Y eso me permitió pasar mi duelo particular sin tanto dolor. Y pude contemplarlo (a él) desde una perspectiva externa que brotaba mientras escribía.

El discurso íntegro está al final del acta oficial del ayuntamiento que está accesible.

El discurso tiene sus carencias y falencias. Decidimos que todo lo que había dicho el instructor del ayuntamiento ya estaba dicho (que por cierto hizo un gran trabajo) y no podía ser eternamente largo. Fui pasando borradores y el escrito mejoró mucho con la ayuda de todos.

Lo que nunca se escribió ni se dijo fue el título que lo inspiraba: “Los Santos son la Obra Maestra de un Dios que Provee”.

El título no hubiera tenido mucho sentido en un acto civil. Y además no lo hubiera entendido nadie.

La frase no es enteramente mía. Es una frase que completa una de Benedicto XVI: “Los Santos son la obra maestra de Dios Padre

Suena presuntuoso completar a BXVI y desde luego mi padre no me hubiera dejado, pero desafortunadamente no está aquí para decirmelo.

Para que Dios actúe en nosotros hemos de dejarle hacer. La frase igual me cuesta una “reprimenda” de algún lector del blog, pero un año después estoy más convencido aún.

Ahora sólo falta que la ponga en práctica.

 

Caminos hacia la felicidad. Un punto de vista.

Me pidieron que preparara una charla para animar el ambiente  de una parroquia. Una cosa rara, pero nunca digo no a las cosas raras. Pedí que me avisara con tiempo y me dieran un tema fácil.

Y me dieron como tema “la Felicidad”. Pedí que lo cambiaran y no podían. No me hizo muy feliz. El tema es demasiado difuso pero he aprendido cosas en el proceso de preparar la charla. Las listo y ordeno en este post por si a alguien le sirven en el futuro.

El orden que he elegido para ordenar las reflexiones va de menos a más: Desde el hombre como homínido que trata de sobrevivir en la escasez y el peligro, al hombre que trata de encontrar sentido a una vida en medio de la abundancia y la seguridad y que se suicida a tasas descomunales. Desde el razonamiento del psiquiatra, pasando por el del piscólogo al del filósofo y llegando a la religión Cristiana.

En mi ordenación se que me he dejado muchos caminos alternativos, pero a mí me da la impresión de haber recorrido el camino que describe Chesterton en el hombre eterno: el hombre que salió a descubrir el mundo y acabó descubriendo su pueblo.

Si tengo que destacar algo de lo que he encontrado están las “pequeñas beatitudes” de Jean Follet, y entre ellas la primera:

  • Bienaventurados (Dichosos, Felices) los que se saben reir de sí mismos: siempre tendrán motivo de diversión

El significado de la felicidad

Definir felicidad es un primer paso. La palabra parece venir del latín felix (que significaba fecundo y tiene la misma raiz indoeuropea que “mamar”). Felicitas tiene que ver con Fortuna, Hilaritas y Laetita. Y todas ellas parecen suponer abundancia. Supongo que los antiguos tenían que cubrir sus necesidades básicas. Y por eso una vez cubiertas suponían que serían felices. Los griegos eran menos materialistas y su parece asociarse más a la eudaimonía (buen espíritu) griego.

De hecho felicidad según la RAE es un “Estado de grata satisfacción espiritual y física“. Como sinónimos podemos encontrar palabras como: Alegría, Beatitud, Contento, Dicha, Fortuna, Gozo, Júbilo, Regocijo, Satisfacción, Ventura. Como antónimos destacan: Adversidad, Desgracia, Fatalidad, Infelicidad, Miseria, Padecimiento, Pena, Tristeza, Tormento, Tragedia.

Algunos dicen que la felicidad es un estado de ánimo y otros que es una decisión. En cualquier caso todos (Gustavo Bueno lo denomina principio débil de la felicidad) parecen estar de acuerdo en que cualquier ser humano desea ser feliz.

Pero casi todos olvidamos que deseo y decisión no son la misma palabra. Puedo desear ser feliz pero no me decido a ello. No pasa nada (mientras no hagas infelices a los demás).

Congresos sobre Felicidad

Las definiciones no aportan mucho y menos cuando hay tantas como autores. Encontré que la CocaCola había pagado congresos sobre la felicidad. Y que en Madrid una vez invitaron (entre otros) al paleontólogo Arsuaga ,al televisivo Punset, al psiquiatra Rojas Marcos, y al psicólogo Carmelo Váquez. (Y supongo que a mucha más gente, que la CocaCola no sé si da la felicidad, pero da pasta para eso y más). Me gusta ese orden.

Homínidos y Felicidad

El argumento del paleontólogo Arsuaga es interesante. Durante los últimos años hemos ido aprendiendo que los humanos de hace centenares miles de años son básicamente los mismos que ahora. En realidad tiene los mismos prejuicios sobre el sentido de la vida que Dawkins y otros muchos. Para lo que me interesa a mí se puede afirmar que confirma que lo que nos hacía falta entonces nos hace falta ahora. Sobrevivimos como especie porque colaboramos, porque sabemos aprender y cuidar unos de otros. Y también sobrevivimos porque tenemos asco, miedo y ansiedad. Así que todo eso fue necesario para sobrevivir y lo es en la actualidad.

Es interesante y divertido escuchar a Punset hablar sobre la Felicidad. Punset dominaba el arte de la comunicación: todo se lo habían contado a él sus amigos neurólogos o antropólogos. Para mí, Punset tiene dos líneas de pensamiento contradictorias. Por un lado se pasa la mitad del tiempo diciendo que ahora sabemos cosas que no sabíamos. Es en eso un exponente típico del pensamiento occidental en los últimos siglos: considerar que somos lo más de lo más y que sólo nosotros sabemos. El segundo inconveniente es que Punset sostiene que somos iguales que hace un millón de años. Por algún motivo Punset nunca llegó a entender que si somos lo mismo que hace 200.000 años, entonces somos lo mismo que hace 2000 años. Así que lo que sea que supieran sobre hacer feliz al  hombre los griegos será básicamente igual que lo que sabemos ahora (más allá de haberle puesto nombres a las hormonas y a las células y de conocer los mecanismos – que por otro lado un amigo neurólogo me dijo que cuanto más sabemos de las neuronas menos sabemos del cerebro).

Hay una idea interesante derivada del planteamiento de Punset y Arsuaga de que somos homínidos con neocortex. Si somos hormonas, neuronas y gónadas a las que les apareció un cerebro nuestro cuerpo controla nuestra mente, más de lo que creemos que nuestra mente controla nuestro cuerpo. Igual ahora que hace un millón de años.

Tirando de ese hilo llegamos a que Punset (hija) recomienda ponerse un lápiz en la boca para ser feliz  . Eso que parece una tontería está más que respaldado por la ciencia (recomiendo este vídeo TED sobre cómo influye la postura corporal en nuestro estado de ánimo) El vídeo recomienda que aprendamos a hackear nuestra mente modificando nuestros hábitos corporales (algo como lo que propone el Yoga, o algunos ritos y ejercicios).

Lejos de mí pensar que Punset no supiera lo que hacía. La paradoja de su pensamiento: (“somos iguales pero ahora sabemos lo que no nadie sabía antes”) es la de muchos científicos. Muchos científicos actuales creen que solo sabemos cuando sabemos científicamente. Presuntuosos y condescendientes, opinan que no podemos saber si no hay un experimento por medio. El problema es que, si sólo puedo afirmar cosas según resultados numéricos, mis afirmaciones sólo suelen tener validez para los promedios. Y en mi casa la edad media son 31 años pero nadie tiene 31 años. Así que si escucho la música que le gusta a la gente de 31 años, nadie saldrá satisfecho.

Otra limitación del cientificismo moderno es que  cualquier afirmación debe ser muy limitada. Así que la conclusión a la que llegan es que no podemos evitar el asco, la ansiedad y el miedo porque son buenos para nosotros y hemos de aprender a vivir con ellos. En cualquier caso no deben impedir que seamos felices. Un viaje interesante hacía el sentido común.

Psiquiatría y Felicidad

Rojas Marcos es psiquiatra. Él no trabaja habitualmente con gente en el promedio. Más bien con gente en el extremo malo (si es que me permiten hacer un juicio de valor sobre la enfermedad mental). Así que sus reflexiones estarán (probablemente) sesgadas en intentar evitar dicho mal. Que en nuestra época se llama depresión. La época en la que lo tenemos todo (el ideal de abundancia romana) y la que lo sabemos todo (el ideal de la filosofía griega) es la época con tasas de suicidios más altas incluso entre los jóvenes. Con occidente a la cabeza suicidándose individualmente y como sociedad por la vía de no tener hijos.

En realidad Maslow ya lo había previsto con su famosa pirámide. La pirámide sugiere que el hombre tiene prioridades a la hora de cubrir sus necesidades. El problema es que a medida que se cubren las necesidades de nivel inferior el ser humano necesita cubrir las del nivel superior. Las de nivel inferior (comer, respirar, seguridad…) sabemos cómo cubrirlas y si podemos lo hacemos. Pero las del nivel superior son más díficiles de cubrir, porque no sabemos qué hacer para cubrirlas. Y entonces vienen los malos rollos.

La psiquiatría trabaja con malos rollos. Rojas Marcos ha escrito muchos libros y ha dado muchas conferencias y le han hecho muchas entrevistas. Rojas Marcos propone 5 antidepresivos: 1. Cuida tu cuerpo 2. Piensa en positivo 3. Mantén relaciones afectivas físicas 4. Cuida tu autoestima 5. Piensa que tienes el control. En algún vídeo indica que también son antidepresivos los partidos de fútbol y los programas del corazón.

Lo de cuidar tu cuerpo (Mens sana in corpore sano) ya lo sabíamos. Lo de pensar en positivo lo vivimos. Mantener relaciones afectivas que sean físicas (con contacto humano, mirando la cara) nos lo dicen los “amigos” de Punset. Lo de la autoestima y lo de tener el control ya es más novedoso. Aunque yo cada vez veo a más gente con la estima excesivamente alta para lo que debiera, y gente que cree tener el control de una vida que realmente le controlan a través de las redes sociales no para hacerles felices precisamente.

Psicología y Felicidad

De la psiquiatría a la psicología hay un paso.  El profesor Carmelo Vázquez es psicólogo y está en  la corriente psicología positiva. Una corriente que trata de proponer medios para mejorar en felicidad de las personas. Es una ciencia y como “No se puede mejorar lo que no se puede medir “hay que medir la felicidad”.

Se mide la felicidad en un World Happiness Report y nos dicen que Finlandia es el país más feliz del mundo. Si hemos de creer al artículo de El Pais sobre Finlandia, la Felicidad es bañarse en agua fría y pasar el rato en una sauna. Eso y que las bibliotecas tengan libros, los coles no tengan aulas convencionales, y estén a oscuras la mayor parte del año.

En el mismo artículo (y en otros) se habla sobre altas tasas de suicidio y de alcoholismo en el mismo y feliz país. Parece que los promedios no actúan como estaba previsto. Es decir que ser feliz y ser infeliz no tienen término medio. De hecho parece que Finlandia se ha puesto a trabajar sobre los suicidios (tenían la tasa más alta) y lo han controlado.

También parece que los medibles utilizados para definir la felicidad de un pais (esperanza de vida, apoyo social, libertad, generosidad, confianza) son mejorables. La duda la expone el New York Post expresando que otras encuestas en lugar de colocar a los países nórdicos europeos en el top del ranking colocan a algunos paises centroamericanos y a Filipinas (que no salen bien parados en el otro ranking). Desde luego parece que en cada país la felicidad se mide de una manera.

En cualquier caso parece que la felicidad va por barrios/países, ero también por géneros y por edades. Con una curva en U a lo largo de los años que tiene su mínimo por los 50. Descubro con alegría que ya he pasado mi punto más bajo de felicidad pero que si fuera mujer lo hubiera pasado hace más tiempo.

Más desconcertante me ha resultado saber que la curva de la felicidad de los gorilas también tiene forma en U (lo que nos devuelve a Arsuaga, a Punset y a los homínidos). Me queda la duda de cómo se sabe que un gorila es feliz y si su felicidad es equiparable a la del hombre o la mujer.

De todos modos, insisten los críticos, parece que no se puede hablar de naciones felices, géneros o edades felices, sino de individuos felices. Lo suscribo. Más aún que no se puede comparar la felicidad de matrices socio-culturales diferentes. Lo suscribo también. Por cierto, nuestra matriz socio-cultural es el cristianismo de occidente que aunó parte de la filosofía grecorromana con algo de filosofía oriental.

Pero siguiendo el viaje con la psicología positiva me concentro en saber qué he de hacer para ser más feliz. La felicidad es una decisión. No hay un camino para la felicidad. La felicidad es el camino.

Y también que hay una puerta (no sé si estrecha) pero parece que sin llave (como la que Attreyu ha de atravesar en “La historia interminable“). Una puerta que sólo se puede atravesar si no se quiere atravesar.

La gente de la psicología positiva indica que para atravesarla que cada uno debemos controlar nuestras emociones potenciando las positivas y reduciendo las negativas. Clasifican las emociones positivas entre las del futuro( optimismo, confianza, esperanza) y las del pasado (satisfacción, orgullo, serenidad, alegría) y las del presente (placeres y satisfacciones). Lo que los cristianos llamamos “vivir cada día su afán” dejando el pasado en el seno de la Misericordia Divina y el futuro en manos de la Divina Providencia.

Pero no sólo proponen controlar las emociones sino también ejecutar actividades positivas (conocer nuestras fortalezas, establecer relaciones sociales, realizar actividad física, dar las gracias, hacer diarios del futuro, proponerte listas de metas, “permitirte” actos de bondad…). Y esto me recuerda mucho a las obras de misericordia (pero es que estoy de un beato -feliz- subido).

Quizá lo más interesante de la psicología positiva es que transforma la felicidad desde un deseo que se suponía común a todos los hombres, en una decisión que puede ejecutar cada individuo. Haciendo hincapié en que una cosa es desear y otra tomar una decisión.

Y además eso es de homínido con neocortex: tomar la decisión y ejecutar.

Es interesante escuchar a Tal Ben Shahar hablando por sobre la felicidad. Propone una serie de acciones para ser feliz:

  1. Relaciones personales y no virtuales. El homínido que somos reacciona con otros homínidos y empatiza con ellos cuando físicamente los trata, los toca y los abraza.
  2. Simplificar la vida, aprender a concentrarse , ser monotarea. Estar a lo que estás.
  3. Ejercicio Físico. Dice que 30 minutos 3 veces a la semana es suficiente para poner nuestras hormonas en niveles de felicidad. Propongo caminar a la ermita de Santa Ana y mirar el mar desde allí
  4. Darnos permiso para llorar. Acompañar al enfermo, enterrar a los muertos, consolar al afligido ¿Felices los que lloran?
  5. Expresar gratitud. Agradecer es apreciar, subir de precio. Ser agradecido es reconocer que otros hacen cosas gratis por nosotros.
  6. Encontrar significado a nuestra actividad al menos una una hora al día.

Filosofía y Felicidad

Los psicólogos positivos saben que lo que están descubriendo ahora lo dijeron los filósofos hace mucho tiempo. En general todos estos investigadores están redescubriendo, el continente que los grandes pensadores ya sabían.

Evidentemente al ser humano le preocupa la felicidad, desde que empezó a comer todos lo días. Y dado que en los últimos milenios el hombre ha evolucionado poco, lo que pensaron los filósofos sigue siendo lógico. Por eso compensa leer lo que pensaron los filósofos sobre la felicidad (aquí un resumen tan inútil como cualquier otro).

Desde la felicidad según la sabiduría oriental milenaria (“la felicidad no es una meta sino un camino”, “vive el presente” pequeño saltamontes) a la occidental del siglo XX (“la felicidad es la vida dedicada a ocupaciones ligadas a la vocación”, “el sentimiento de que el poder crece”…).

Interesantes son los estoicos (nunca bien entendidos) y que en este vídeo se puede escuchar un buen resumen. Los estoicos están muy entroncados en la tradición cristiana: las pequeñas mortificaciones (ducharse a veces con agua fría nos permite agradecer el agua caliente), pensar que somos mortales (Enterrar a los muertos e ir a los cementerios a rezar por ellos) es un “memento mori” para recordar que hemos de disfrutar de la vida. Pero hay más corrientes filosóficas que nos hablan sobre cómo relacionarnos con el placer y con el bien también tenemos epicúreos y utilitaristas…

Religión y Felicidad

Recomiendo la entrevista  citada del psicólogo positivo Tal Ben Shahar en el que asegura que al religión tenía razón y la filosofía se equivocaba. Sé que saco la frase de contexto pero lo dice y además me viene bien para hilar la parte final del análisis.

Cierto que actualmente ha habido algún cambio. Fundamentalmente las redes sociales cuyos algoritmos están preparados para hacerte infeliz . Pero por lo demás somos bastante iguales a nuestros antepasados.

Es interesante recordar que las filosofías dan una moral y una metafísica. Pero las religiones nos dan dos cosas más para ser felices: sentido de transcendencia y rituales para mejorar.

Que nuestra vida (incluyendo el sufrimiento) tenga sentido es bueno para la felicidad. Que nuestra vida tenga ritmos reconocibles da sensación de control. Que tengamos rituales para pedir perdón y para ser agradecidos y que eso genera felicidad son cosas que la piscología positiva ha aprendido recientemente.

Pero los cristianos tenemos algo más. Les costará aprender a todos los anteriores, porque ya nos cuesta a los que creemos en Jesús y no partimos con prejuicios.

Jesús nos quería dichosos, bienaventurados, felices y por eso nos propuso las bienaventuranzas.

Las bienaventuranzas son unas recomendaciones contradictorias. Tan contradictorias como la propia Cruz donde colgaron a un hombre ágrafo que dedicó el 90% de su vida a nada concreto, y la otra parte de su vida a charlar con sus discípulos. Nada que ver, aparentemente, con la felicidad. Chesterton (creo que en Ortodoxia) nos ilustra con que la contradicción de la Cruz es la que le permite crecer al infinito, no como el círculo de las filosofías orientales que se encierra en sí mismo.

Las pequeñas bienaventuranzas y alguna otra recomendación

Como hasta para los cristianos las bienaventuranzas son complicadas (“esforzaos por entrar por la puerta angosta”, “felices los que lloran” es una recomendación difícil de aceptar) son muy de agradecer las “pequeñas bienaventuranzas” (les petites béatitudes) de Jean Follet.

La primera de todas, vale todo el esfuerzo.

  • Bienaventurados los que se saben reir de sí mismos: siempre tendrán motivo de diversión
  • Bienaventurados los que saben distinguir una montaña de una topera: se ahorrarán muchos quebraderos de cabeza.
  • Bienaventurados los que son capaces de descansar y dormir sin justificarse: serán sabios.
  • Bienaventurados los que saben callar y escuchar: ¡Aprenderán cosas nuevas!.
  • Bienaventurados los que son lo bastante inteligentes como para no tomarse en serio: su entorno lo apreciará.
  • Bienaventurados vosotros si sabeis mirar con seriedad las cosas pequeñas y con tranquilidad las cosas serias: llegareis lejos en la vida.
  • Bienaventurados si sabeis admirar una sonrisa y olvidar una mueca: vuestra vida será luminosa.
  • Bienaventurados si podeis interpretar siempre con benevolencia las actitudes de los demás, aunque las apariencias sean contrarias: os tomarán por ingenuos, pero ese es el precio de la caridad.
  • Bienaventurados los que piensan antes de actuar y oran antes de pensar: evitarán hacer muchas tonterías.
  • Bienaventurados si sabeis callar y sonreir aunque os quiten la palabra, cuando os contradigan u os pisoteen: el Evangelio empieza a penetrar en vuestro corazón.
  • Bienaventurados sobre todo vosotros que sabeis reconocer al Señor en todos los que encontrais.

En general la religión cristiana católica aúna las diferentes tradiciones orientales y occidentales sobre la felicidad. A lo largo de los siglos  ha dado cabida, tanto a los estoicos monjes cartujos, como a los más hedonistas cardenales de la curia (y que ellos me perdonen). Tanto para ser desprendido como un franciscano o un párroco del puño cerrado. Asocial como un eremita o social como una abadía. Igual para el que se centra en el estudio como para el que se centra en el amor.

Porque la contradicción de la Cruz deja espacio para todos.

Incluso para los que deciden ser infelices. Porque si ser feliz es una decisión se puede decidir ser infeliz.

A los que en el uso de su libertad decidan no ser felices, Santo Tomás de Aquino y otros muchos santos, les piden que al menos sean afables: benignos, indulgentes, agradecidos, alegres, cordiales, respetuosos, comprensivos, amables. Y me parece adecuado, así al menos no nos molestan en la tarea de ser felices los demás.

Pero si decides ser feliz, por un camino que la psicología cognitiva comienza a reconocer, la Iglesia Cristiana -como otras religiones- propone desde hace siglos algunos atajos y estos cuatro son para mí los principales:

  • Hacer obras de misericordia. Tanto las corporales (visitar enfermos, enterrar muertos, dar de beber al sediento, vestir al desnudo…) como las espirituales (enseñar al que no sabe, consolar al triste, perdonar las injurias, corregir al que se equivoca…)
  • Vivir el presente. Abandonando el pasado en manos de la Divina Misericordia y confiando el futuro a la Divina Providencia.
  • Perdonar. Es la característica fundamental del cristianismo. Perdonar (y sus hijos pequeñas como ser indulgente, olvidar…) hasta 70 veces 7.
  • Ir a Misa. Es un ritual donde se pide perdón, se da las gracias, se pide ayuda, se reconoce la dependencia liberadora, se recuerda a los muertos, se aprende de la sabiduría… y encima se conoce a gente.

Por último en esta época de empoderar a las mujeres, hay que recordar a una de las mujeres más empoderadas de la historia: Santa Teresa de Jesús. Santa Teresa compuso un poema que expone como resolver el miedo y la ansiedad, el último impedimento que el homínido Punsetiano tenía para ser feliz:

Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda,

La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.

 

¿Por qué nos negamos a explorar oportunidades de mejora?

Es obvio que cualquier organización (empresa, familia, club deportivo, o yo mismo como individuo) tiene oportunidades de mejora.

Oportunidad de mejora es un eufemismo para no tener que decir “problema”. Un eufemismo sano porque pone el foco en lo que se puede hacer mejor.

El “problema” de identificar oportunidades de mejora es que siempre es alguien de fuera quien nos lo hace ver. Para nosotros, nuestra situación es simplemente nuestro hogar,  nuestros hábitos, “nuestras manías”…

Por eso, si quieres mejorar, se suele recurrir a alguien externo que nos oriente. Que nos entienda y nos sugiera pequeñas cosas que nos hagan cambiar en nuestra organización.

Pero los problemas de organización, no sólo son difíciles de ver desde dentro. Lo más complicado es que la resolución de esos problemas suele requerir de los participantes para resolverlos.  Y estos en general no van a a estar a favor de cambiar.

Así que ejecutan  la defensa del statu quo colocando tres barreras prácticamente infranqueables:

La primera barrera suele echar fuera a muchos moscones: “no hay un problema“. Esta frase se puede expresar de muchas maneras, pero tiene el importante efecto de que avisa a los navegantes de que va a haber guerra.

Segunda barrera: “es un problema pero no podemos hacer nada por resolverlo“. Básicamente el interlocutor nos indica que el problema está fuera de sus manos así que bastante hago con sobrevivir a la situación. En muchos casos nos pondrán como ejemplo a consultores que ya lo intentaron, o señalarán con sus dedos hacia otro lado, para que el atacante desvíe la atención.

Sólo los valientes consiguen llegar a la tercera muralla: “Esa  que propones no es solución al problema“. Es el momento de comenzar a escuchar alternativas. Porque han admitido que hay problema, que lo tienen identificado y por eso no les gusta la solución. Pero no te fíes de ellas, porque es muy posible que en realidad, estén volviendo a levantar la primera muralla parcheando un indicador.

En esos casos comienzo a preguntarme,  ¿y si lo que yo llamo problema es en realidad la solución a algo mucho más grave?…

Me decía un amigo que si alguien te dice que su organización no tiene problemas, ¡ese es su problema!

En su versión políticamente correcta: “Si no tienes oportunidades de mejora, esa es tu principal oportunidad de mejora”

Ícaro, gestión empresarial y ser padres

Ayer mi hija me pidió que le explicara el mito de Ícaro (y no pude). Hoy me ha llamado un antiguo alumno que montó una startup. Luego he estado comiendo con unos amigos, todos con hijos en edad de conflictear.

Dice el mito de Ícaro que Dédalo (su padre) le construyó unas alas a su hijo para huir de una isla. El padre (que algo sabía de las alas de plumas y cera que había construido) le dijo al hijo que no volara demasiado alto porque el sol derretiría las alas. Ícaro, hizo lo que cualquier hijo con alas nuevas haría: una vez entendió que podía volar se dedicó a subir hacia el sol. Y lo que tenía que ocurrir ocurrió.

Mi antiguo alumno está encantado y preocupado a la vez. La empresa en la que han invertido mucho esfuerzo está empezando a dar beneficios. Y la relación entre los socios están comenzando a sufrir pequeñas tensiones. Y las tensiones sólo pueden ir a más. Lo que funcionó bien para rasear no funciona bien para volar alto. Espero que cambien de alas porque no me gustaría verlos caer. Han puesto mucho esfuerzo en ello, pero ya ha pasado en otras ocasiones. Nuestros hábitos son nuestras alas a determinada altura pero pueden ser nuestro plomo en otra altura.

Mis amigos y yo compartimos pasión por nuestros hijos. Pasión también en el sentido de padecimiento. Los niños ideales que eran están comenzando a cambiar (afortunadamente). Las alas que les han funcionado estupendamente hasta ahora probablemente ya no valen a partir de ahora. Y las nuestras,  para enseñarles a volar, también tienen sus limitaciones.

Reconocer nuestra aportación en el conflicto nos exige comenzar a actuar. Por eso es más cómodo echarle la culpa a otro.

Leí una vez que es conveniente no utilizar la palabra culpa al trabajar nuestros conflictos (que no problemas). Proponían el uso de la palabra aportación porque no tiene connotación ni positiva ni negativa.
En culpa, hay una aportación siempre negativa, generalmente del otro. Una aportación es una palabra neutra. No podemos ponernos a la defensiva con ella.
Un ejemplo. Supongamos que nos preocupa el absentismo en mi organización (empresa, oficina, asociación, falla…).
Como jefe, coordinador o presidente, puedo echarle la culpa a que el trabajador es un vago, o a que ahora “la gente joven” tiene poca responsabilidad, o a que la nueva novia de mi socio no le deja pensar.

Si le “echo la culpa” al co-laborador no puedo hacer nada, es cómodo. Más cómodo aún si se la echo a la novia de mi socio, o al médico de la mútua.
Si contemplo la situación desde un punto de vista de aportaciones, mi aportación existe. Y a partir de ahí podré plantear líneas de acción para mejorar la situación (el lector atento verá que no he dicho: “soluciones para atacar el problema”, he escrito “líneas de acción para mejorar la situación” ).

“Yo sé quien es el culpable de todos los problemas” es una frase que encontré una vez en un test psicotécnico. Un amigo sicólogo me dijo que me sorprendería la cantidad de gente que ticaba “completamente de acuerdo” a esas preguntas.

Y es que, en realidad, echarle la culpa al otro, es lo más cómodo. No sólo porque nos exime de toda responsabilidad sino que además no nos exige hacer nada.


Para recibir las actualizaciones por correo

los blogs que leo

los blogs que leo
agosto 2020
L M X J V S D
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31  

Blog Stats

  • 192.401 hits

El número de suscriptores ya ha llegado a….


A %d blogueros les gusta esto: