La Belleza y los Hombres Buenos: El camino a la verdad pasa por las fallas.


Estos días de fallas he tenido la oportunidad de desayunar, almorzar, comer y cenar con gente diversa (y en algún caso divertida).

Dado que estábamos en fallas se hablaba de arte: de libros, de fotos, de escultura de pintura (y también de cohetes de chuletas y de alcohol). Por que las fallas son todo eso.

Pero las fallas son sobre todo personas.  Y por tanto también hablábamos (y mucho) de personas. Personas que crean, recrean y procrean. De los nuevos y de los viejos. De los que ya no estaban y de los que estaban a punto de no estar. De los míos y de los tuyos. De los habituales y de los esporádicos.

Desde un punto de vista externo, las fallas son turismo y bares llenos. Desde un punto de vista interno las fallas armonizan y vertebran una estructura de personas, artes y creación a través de extrañas liturgias como la plantà, la despertà, l’ofrena, el bateig, la mascletà…

En alguna de esas conversaciones alrededor de una mesa de “esmorzar” salió San Pablo y hasta BXVI (probablemente los efectos del vino joven que bebíamos para acompañar las chuletas). Así que ha sido curioso (la armonía universal tiene su aquel) que me hayan enviado casi al mismo tiempo por correo electrónico una cita del Cardenal Ratzinger (actual  Papa Benedicto XVI)   “Informe sobre la fe”, Madrid 1985, pp 142-143

“La única apología verdadera del cristianismo puede reducirse a dos argumentos: los santos que la Iglesia ha elevado a los altares y el arte que ha surgido en su seno. El Señor se hace creíble por la grandeza sublime de la santidad y por la magnificencia del arte desplegadas en el interior de la comunidad creyente, más que por los astutos subterfugios que la apologética ha elaborado para justificar las numerosas sombras que oscurecen la trayectoria humana de la Iglesia”

Y sigue la cita: “.Si la Iglesia debe seguir convirtiendo, y, por lo tanto, humanizando el mundo,  ¿cómo puede renunciar en su liturgia a la belleza que se encuentra íntimamente unida al amor y al esplendor de la Resurrección? No, los cristianos no deben contentarse fácilmente; deben hacer de su Iglesia el hogar de la belleza –y, por lo tanto, de la verdad-, sin la cual el mundo no sería otra cosa que la antesala del infierno”.

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2 Responses to “La Belleza y los Hombres Buenos: El camino a la verdad pasa por las fallas.”


  1. 1 FirstReply 22 marzo 2012 en 6:32 pm

    Te veo fallero y me parece bien, pero lo que no veo es la unión entre la primera parte y la segunda, pensaba que Razinguer había dicho algo sobre las fallas, pero no…

  2. 2 JosePe Garcia 22 marzo 2012 en 8:22 pm

    Bueno, en realidad escribo sobre lo primero que se me ocurre. En segundo lugar creo que citar a Ratzinger es positivo, aunque sea un poco traído “de gairó”. Por último, creo que la verdad es la que es, y en ocasiones vemos detalles de ella en los sitios más insospechados. Y la verdad es necesariamente buena y bella. Si la Iglesia Cristiana se puede defender de siglos de errores y de lamentos es porque en nombre de Cristo ha creado Belleza y Bondad. BOndad en forma de santos y belleza en forma de catedrales, música, poesía… Y las fallas (resultado y origen de belleza y gente buena)… Es una reflexión… rara pero mía.


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