Archivo para 22 enero 2017

¿Por qué nos negamos a explorar oportunidades de mejora?

Es obvio que cualquier organización (empresa, familia, club deportivo, o yo mismo como individuo) tiene oportunidades de mejora.

Oportunidad de mejora es un eufemismo para no tener que decir “problema”. Un eufemismo sano porque pone el foco en lo que se puede hacer mejor.

El “problema” de identificar oportunidades de mejora es que siempre es alguien de fuera quien nos lo hace ver. Para nosotros, nuestra situación es simplemente nuestro hogar,  nuestros hábitos, “nuestras manías”…

Por eso, si quieres mejorar, se suele recurrir a alguien externo que nos oriente. Que nos entienda y nos sugiera pequeñas cosas que nos hagan cambiar en nuestra organización.

Pero los problemas de organización, no sólo son difíciles de ver desde dentro. Lo más complicado es que la resolución de esos problemas suele requerir de los participantes para resolverlos.  Y estos en general no van a a estar a favor de cambiar.

Así que ejecutan  la defensa del statu quo colocando tres barreras prácticamente infranqueables:

La primera barrera suele echar fuera a muchos moscones: “no hay un problema“. Esta frase se puede expresar de muchas maneras, pero tiene el importante efecto de que avisa a los navegantes de que va a haber guerra.

Segunda barrera: “es un problema pero no podemos hacer nada por resolverlo“. Básicamente el interlocutor nos indica que el problema está fuera de sus manos así que bastante hago con sobrevivir a la situación. En muchos casos nos pondrán como ejemplo a consultores que ya lo intentaron, o señalarán con sus dedos hacia otro lado, para que el atacante desvíe la atención.

Sólo los valientes consiguen llegar a la tercera muralla: “Esa  que propones no es solución al problema“. Es el momento de comenzar a escuchar alternativas. Porque han admitido que hay problema, que lo tienen identificado y por eso no les gusta la solución. Pero no te fíes de ellas, porque es muy posible que en realidad, estén volviendo a levantar la primera muralla parcheando un indicador.

En esos casos comienzo a preguntarme,  ¿y si lo que yo llamo problema es en realidad la solución a algo mucho más grave?…

Me decía un amigo que si alguien te dice que su organización no tiene problemas, ¡ese es su problema!

En su versión políticamente correcta: “Si no tienes oportunidades de mejora, esa es tu principal oportunidad de mejora”

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Ícaro, gestión empresarial y ser padres

Ayer mi hija me pidió que le explicara el mito de Ícaro (y no pude). Hoy me ha llamado un antiguo alumno que montó una startup. Luego he estado comiendo con unos amigos, todos con hijos en edad de conflictear.

Dice el mito de Ícaro que Dédalo (su padre) le construyó unas alas a su hijo para huir de una isla. El padre (que algo sabía de las alas de plumas y cera que había construido) le dijo al hijo que no volara demasiado alto porque el sol derretiría las alas. Ícaro, hizo lo que cualquier hijo con alas nuevas haría: una vez entendió que podía volar se dedicó a subir hacia el sol. Y lo que tenía que ocurrir ocurrió.

Mi antiguo alumno está encantado y preocupado a la vez. La empresa en la que han invertido mucho esfuerzo está empezando a dar beneficios. Y la relación entre los socios están comenzando a sufrir pequeñas tensiones. Y las tensiones sólo pueden ir a más. Lo que funcionó bien para rasear no funciona bien para volar alto. Espero que cambien de alas porque no me gustaría verlos caer. Han puesto mucho esfuerzo en ello, pero ya ha pasado en otras ocasiones. Nuestros hábitos son nuestras alas a determinada altura pero pueden ser nuestro plomo en otra altura.

Mis amigos y yo compartimos pasión por nuestros hijos. Pasión también en el sentido de padecimiento. Los niños ideales que eran están comenzando a cambiar (afortunadamente). Las alas que les han funcionado estupendamente hasta ahora probablemente ya no valen a partir de ahora. Y las nuestras,  para enseñarles a volar, también tienen sus limitaciones.

Reconocer nuestra aportación en el conflicto nos exige comenzar a actuar. Por eso es más cómodo echarle la culpa a otro.

Leí una vez que es conveniente no utilizar la palabra culpa al trabajar nuestros conflictos (que no problemas). Proponían el uso de la palabra aportación porque no tiene connotación ni positiva ni negativa.
En culpa, hay una aportación siempre negativa, generalmente del otro. Una aportación es una palabra neutra. No podemos ponernos a la defensiva con ella.
Un ejemplo. Supongamos que nos preocupa el absentismo en mi organización (empresa, oficina, asociación, falla…).
Como jefe, coordinador o presidente, puedo echarle la culpa a que el trabajador es un vago, o a que ahora “la gente joven” tiene poca responsabilidad, o a que la nueva novia de mi socio no le deja pensar.

Si le “echo la culpa” al co-laborador no puedo hacer nada, es cómodo. Más cómodo aún si se la echo a la novia de mi socio, o al médico de la mútua.
Si contemplo la situación desde un punto de vista de aportaciones, mi aportación existe. Y a partir de ahí podré plantear líneas de acción para mejorar la situación (el lector atento verá que no he dicho: “soluciones para atacar el problema”, he escrito “líneas de acción para mejorar la situación” ).

“Yo sé quien es el culpable de todos los problemas” es una frase que encontré una vez en un test psicotécnico. Un amigo sicólogo me dijo que me sorprendería la cantidad de gente que ticaba “completamente de acuerdo” a esas preguntas.

Y es que, en realidad, echarle la culpa al otro, es lo más cómodo. No sólo porque nos exime de toda responsabilidad sino que además no nos exige hacer nada.


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