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Reunión para la Toma de Decisiones

Me explicó una vez un amigo que en las reuniones se producen tres tipos de actos:

  1. Se comunica información que viene de fuera
  2. Se crea consenso a través del debate
  3. Se toman decisiones

Me explicó otra vez otro amigo que para “planificar” se realizan tres actividades que son esencialmente diferentes:

  1. Se prevé lo que pasará en el futuro
  2. Se calculan los recursos necesarios y se decide cuánto se puede conseguir y para cuándo
  3. Se programa la actividad (se dice quien va a hacer las cosas y cuándo las va a hacer)

Me imagino las reuniones en las que se toman decisiones en situación de emergencia. A ellas acude gente de todo pelaje y condición que tienen su propio juego de objetivos (ya sea ayudar, ya sea tomar el control, ya sea demostrar que él siempre tuvo razón…), acostumbrada a ir a las reuniones a criticar las decisiones y ver si consigue que le asignen más recursos.

La reunión sigue el siguiente camino

  1. “unAlguien” llega con unas tablas y unos gráficos que la mayor parte de la gente no sabe interpretar, así que todos miran interesados o aterrorizados los datos, y los comentan. Es el último momento en que hay consenso en la reunión.
  2. “otroAlguien” hace unos números por encima (siempre hay algún freaky en las reuniones) y calcula los recursos que necesita para hacer frente a esa previsión. Evidentemente con el sesgo de su agenda personal. Resume sus cálculos en voz alta, hasta que indica los recursos necesarios a los demás miembros de la reunión.
  3. “LosAfectados” que tienen que poner los recursos (aunque sólo sea que tienen que hablar con otros para ponerlos) se dan cuenta que les han pasado la pelota. Antes de jugarla comienzan a dudar del cálculo que ha hecho “otroAlguien”, preguntándole cosas cómo ¿por qué dices que hay que hacer eso? ¿cómo has hecho el cálculo? y ¿de dónde ha sacado los datos?
  4. Un “primertercio” de la reunión comienza a elaborar planes alternativos al plan que había hecho “otroAlguien” pero no cuantifica nada, y en general sólo propone que debía haberse planificado otra cosa.
  5. Otro “segundotercio” de la reunión comienza a rehacer los cálculos dudando del modo de hacerlos y de las previsiones. Pide que alguien rehaga las previsiones que seguro están mal.
  6. El “últimoTercio” de la reunión se pregunta que qué hace allí con la de follones que tiene por resolver -en el plan original ellos salían de rositas-. Hasta que de repente el primerTercio insinúa que hay un plan alternativo en el que miembros del tercerTercio podrían estar implicados.
  7. El “últimoTercio” se divide en tres nuevos tercios los que dudan del plan, los que dudan de las previsiones, y los que creen que “ya solo faltaba esto”, pero que no pueden abandonar la reunión puesto que saben que en cualquier momento les toca pringar. No se pueden incorporar a los primeros tercios porque aquellos ya llevaban su dinámica así que generan más miniconversaciones,
  8. Quizá alguien consigue romper la dinámica generando más previsiones, más planes y ningún programa. En cualquier caso se pasa al paso 4.
  9. Se levanta la sesión.

Y eso es bueno para los que tenían que haber tomado decisiones.

Es más fácil no saber que van a hacer falta 1000 litros de lejía adicionales que tener que discutir con el contratista exigiéndole que se aprovisione.

Es más fácil no saber cuántos TCAE hacen falta para atender a 50 pacientes hospitalizados con Covid-19, no vaya a ser que haya que negociar con los sindicatos acerca del trabajo nocturno o los fines de semana.

Es más fácil no saber cual es la carga de trabajo adicional de dar clases online o evaluar online a los alumnos.

Cada vez entiendo más a alguien que me decía: “yo no vullc saber tant”.

En cualquier caso (como siempre) los de las trincheras harán lo mejor que puedan su trabajo. Y pronto olvidarán que había alguien que tenía que haber tomado decisiones.

Caminos hacia la felicidad. Un punto de vista.

Me pidieron que preparara una charla para animar el ambiente  de una parroquia. Una cosa rara, pero nunca digo no a las cosas raras. Pedí que me avisara con tiempo y me dieran un tema fácil.

Y me dieron como tema “la Felicidad”. Pedí que lo cambiaran y no podían. No me hizo muy feliz. El tema es demasiado difuso pero he aprendido cosas en el proceso de preparar la charla. Las listo y ordeno en este post por si a alguien le sirven en el futuro.

El orden que he elegido para ordenar las reflexiones va de menos a más: Desde el hombre como homínido que trata de sobrevivir en la escasez y el peligro, al hombre que trata de encontrar sentido a una vida en medio de la abundancia y la seguridad y que se suicida a tasas descomunales. Desde el razonamiento del psiquiatra, pasando por el del piscólogo al del filósofo y llegando a la religión Cristiana.

En mi ordenación se que me he dejado muchos caminos alternativos, pero a mí me da la impresión de haber recorrido el camino que describe Chesterton en el hombre eterno: el hombre que salió a descubrir el mundo y acabó descubriendo su pueblo.

Si tengo que destacar algo de lo que he encontrado están las “pequeñas beatitudes” de Jean Follet, y entre ellas la primera:

  • Bienaventurados (Dichosos, Felices) los que se saben reir de sí mismos: siempre tendrán motivo de diversión

El significado de la felicidad

Definir felicidad es un primer paso. La palabra parece venir del latín felix (que significaba fecundo y tiene la misma raiz indoeuropea que “mamar”). Felicitas tiene que ver con Fortuna, Hilaritas y Laetita. Y todas ellas parecen suponer abundancia. Supongo que los antiguos tenían que cubrir sus necesidades básicas. Y por eso una vez cubiertas suponían que serían felices. Los griegos eran menos materialistas y su parece asociarse más a la eudaimonía (buen espíritu) griego.

De hecho felicidad según la RAE es un “Estado de grata satisfacción espiritual y física“. Como sinónimos podemos encontrar palabras como: Alegría, Beatitud, Contento, Dicha, Fortuna, Gozo, Júbilo, Regocijo, Satisfacción, Ventura. Como antónimos destacan: Adversidad, Desgracia, Fatalidad, Infelicidad, Miseria, Padecimiento, Pena, Tristeza, Tormento, Tragedia.

Algunos dicen que la felicidad es un estado de ánimo y otros que es una decisión. En cualquier caso todos (Gustavo Bueno lo denomina principio débil de la felicidad) parecen estar de acuerdo en que cualquier ser humano desea ser feliz.

Pero casi todos olvidamos que deseo y decisión no son la misma palabra. Puedo desear ser feliz pero no me decido a ello. No pasa nada (mientras no hagas infelices a los demás).

Congresos sobre Felicidad

Las definiciones no aportan mucho y menos cuando hay tantas como autores. Encontré que la CocaCola había pagado congresos sobre la felicidad. Y que en Madrid una vez invitaron (entre otros) al paleontólogo Arsuaga ,al televisivo Punset, al psiquiatra Rojas Marcos, y al psicólogo Carmelo Váquez. (Y supongo que a mucha más gente, que la CocaCola no sé si da la felicidad, pero da pasta para eso y más). Me gusta ese orden.

Homínidos y Felicidad

El argumento del paleontólogo Arsuaga es interesante. Durante los últimos años hemos ido aprendiendo que los humanos de hace centenares miles de años son básicamente los mismos que ahora. En realidad tiene los mismos prejuicios sobre el sentido de la vida que Dawkins y otros muchos. Para lo que me interesa a mí se puede afirmar que confirma que lo que nos hacía falta entonces nos hace falta ahora. Sobrevivimos como especie porque colaboramos, porque sabemos aprender y cuidar unos de otros. Y también sobrevivimos porque tenemos asco, miedo y ansiedad. Así que todo eso fue necesario para sobrevivir y lo es en la actualidad.

Es interesante y divertido escuchar a Punset hablar sobre la Felicidad. Punset dominaba el arte de la comunicación: todo se lo habían contado a él sus amigos neurólogos o antropólogos. Para mí, Punset tiene dos líneas de pensamiento contradictorias. Por un lado se pasa la mitad del tiempo diciendo que ahora sabemos cosas que no sabíamos. Es en eso un exponente típico del pensamiento occidental en los últimos siglos: considerar que somos lo más de lo más y que sólo nosotros sabemos. El segundo inconveniente es que Punset sostiene que somos iguales que hace un millón de años. Por algún motivo Punset nunca llegó a entender que si somos lo mismo que hace 200.000 años, entonces somos lo mismo que hace 2000 años. Así que lo que sea que supieran sobre hacer feliz al  hombre los griegos será básicamente igual que lo que sabemos ahora (más allá de haberle puesto nombres a las hormonas y a las células y de conocer los mecanismos – que por otro lado un amigo neurólogo me dijo que cuanto más sabemos de las neuronas menos sabemos del cerebro).

Hay una idea interesante derivada del planteamiento de Punset y Arsuaga de que somos homínidos con neocortex. Si somos hormonas, neuronas y gónadas a las que les apareció un cerebro nuestro cuerpo controla nuestra mente, más de lo que creemos que nuestra mente controla nuestro cuerpo. Igual ahora que hace un millón de años.

Tirando de ese hilo llegamos a que Punset (hija) recomienda ponerse un lápiz en la boca para ser feliz  . Eso que parece una tontería está más que respaldado por la ciencia (recomiendo este vídeo TED sobre cómo influye la postura corporal en nuestro estado de ánimo) El vídeo recomienda que aprendamos a hackear nuestra mente modificando nuestros hábitos corporales (algo como lo que propone el Yoga, o algunos ritos y ejercicios).

Lejos de mí pensar que Punset no supiera lo que hacía. La paradoja de su pensamiento: (“somos iguales pero ahora sabemos lo que no nadie sabía antes”) es la de muchos científicos. Muchos científicos actuales creen que solo sabemos cuando sabemos científicamente. Presuntuosos y condescendientes, opinan que no podemos saber si no hay un experimento por medio. El problema es que, si sólo puedo afirmar cosas según resultados numéricos, mis afirmaciones sólo suelen tener validez para los promedios. Y en mi casa la edad media son 31 años pero nadie tiene 31 años. Así que si escucho la música que le gusta a la gente de 31 años, nadie saldrá satisfecho.

Otra limitación del cientificismo moderno es que  cualquier afirmación debe ser muy limitada. Así que la conclusión a la que llegan es que no podemos evitar el asco, la ansiedad y el miedo porque son buenos para nosotros y hemos de aprender a vivir con ellos. En cualquier caso no deben impedir que seamos felices. Un viaje interesante hacía el sentido común.

Psiquiatría y Felicidad

Rojas Marcos es psiquiatra. Él no trabaja habitualmente con gente en el promedio. Más bien con gente en el extremo malo (si es que me permiten hacer un juicio de valor sobre la enfermedad mental). Así que sus reflexiones estarán (probablemente) sesgadas en intentar evitar dicho mal. Que en nuestra época se llama depresión. La época en la que lo tenemos todo (el ideal de abundancia romana) y la que lo sabemos todo (el ideal de la filosofía griega) es la época con tasas de suicidios más altas incluso entre los jóvenes. Con occidente a la cabeza suicidándose individualmente y como sociedad por la vía de no tener hijos.

En realidad Maslow ya lo había previsto con su famosa pirámide. La pirámide sugiere que el hombre tiene prioridades a la hora de cubrir sus necesidades. El problema es que a medida que se cubren las necesidades de nivel inferior el ser humano necesita cubrir las del nivel superior. Las de nivel inferior (comer, respirar, seguridad…) sabemos cómo cubrirlas y si podemos lo hacemos. Pero las del nivel superior son más díficiles de cubrir, porque no sabemos qué hacer para cubrirlas. Y entonces vienen los malos rollos.

La psiquiatría trabaja con malos rollos. Rojas Marcos ha escrito muchos libros y ha dado muchas conferencias y le han hecho muchas entrevistas. Rojas Marcos propone 5 antidepresivos: 1. Cuida tu cuerpo 2. Piensa en positivo 3. Mantén relaciones afectivas físicas 4. Cuida tu autoestima 5. Piensa que tienes el control. En algún vídeo indica que también son antidepresivos los partidos de fútbol y los programas del corazón.

Lo de cuidar tu cuerpo (Mens sana in corpore sano) ya lo sabíamos. Lo de pensar en positivo lo vivimos. Mantener relaciones afectivas que sean físicas (con contacto humano, mirando la cara) nos lo dicen los “amigos” de Punset. Lo de la autoestima y lo de tener el control ya es más novedoso. Aunque yo cada vez veo a más gente con la estima excesivamente alta para lo que debiera, y gente que cree tener el control de una vida que realmente le controlan a través de las redes sociales no para hacerles felices precisamente.

Psicología y Felicidad

De la psiquiatría a la psicología hay un paso.  El profesor Carmelo Vázquez es psicólogo y está en  la corriente psicología positiva. Una corriente que trata de proponer medios para mejorar en felicidad de las personas. Es una ciencia y como “No se puede mejorar lo que no se puede medir “hay que medir la felicidad”.

Se mide la felicidad en un World Happiness Report y nos dicen que Finlandia es el país más feliz del mundo. Si hemos de creer al artículo de El Pais sobre Finlandia, la Felicidad es bañarse en agua fría y pasar el rato en una sauna. Eso y que las bibliotecas tengan libros, los coles no tengan aulas convencionales, y estén a oscuras la mayor parte del año.

En el mismo artículo (y en otros) se habla sobre altas tasas de suicidio y de alcoholismo en el mismo y feliz país. Parece que los promedios no actúan como estaba previsto. Es decir que ser feliz y ser infeliz no tienen término medio. De hecho parece que Finlandia se ha puesto a trabajar sobre los suicidios (tenían la tasa más alta) y lo han controlado.

También parece que los medibles utilizados para definir la felicidad de un pais (esperanza de vida, apoyo social, libertad, generosidad, confianza) son mejorables. La duda la expone el New York Post expresando que otras encuestas en lugar de colocar a los países nórdicos europeos en el top del ranking colocan a algunos paises centroamericanos y a Filipinas (que no salen bien parados en el otro ranking). Desde luego parece que en cada país la felicidad se mide de una manera.

En cualquier caso parece que la felicidad va por barrios/países, ero también por géneros y por edades. Con una curva en U a lo largo de los años que tiene su mínimo por los 50. Descubro con alegría que ya he pasado mi punto más bajo de felicidad pero que si fuera mujer lo hubiera pasado hace más tiempo.

Más desconcertante me ha resultado saber que la curva de la felicidad de los gorilas también tiene forma en U (lo que nos devuelve a Arsuaga, a Punset y a los homínidos). Me queda la duda de cómo se sabe que un gorila es feliz y si su felicidad es equiparable a la del hombre o la mujer.

De todos modos, insisten los críticos, parece que no se puede hablar de naciones felices, géneros o edades felices, sino de individuos felices. Lo suscribo. Más aún que no se puede comparar la felicidad de matrices socio-culturales diferentes. Lo suscribo también. Por cierto, nuestra matriz socio-cultural es el cristianismo de occidente que aunó parte de la filosofía grecorromana con algo de filosofía oriental.

Pero siguiendo el viaje con la psicología positiva me concentro en saber qué he de hacer para ser más feliz. La felicidad es una decisión. No hay un camino para la felicidad. La felicidad es el camino.

Y también que hay una puerta (no sé si estrecha) pero parece que sin llave (como la que Attreyu ha de atravesar en “La historia interminable“). Una puerta que sólo se puede atravesar si no se quiere atravesar.

La gente de la psicología positiva indica que para atravesarla que cada uno debemos controlar nuestras emociones potenciando las positivas y reduciendo las negativas. Clasifican las emociones positivas entre las del futuro( optimismo, confianza, esperanza) y las del pasado (satisfacción, orgullo, serenidad, alegría) y las del presente (placeres y satisfacciones). Lo que los cristianos llamamos “vivir cada día su afán” dejando el pasado en el seno de la Misericordia Divina y el futuro en manos de la Divina Providencia.

Pero no sólo proponen controlar las emociones sino también ejecutar actividades positivas (conocer nuestras fortalezas, establecer relaciones sociales, realizar actividad física, dar las gracias, hacer diarios del futuro, proponerte listas de metas, “permitirte” actos de bondad…). Y esto me recuerda mucho a las obras de misericordia (pero es que estoy de un beato -feliz- subido).

Quizá lo más interesante de la psicología positiva es que transforma la felicidad desde un deseo que se suponía común a todos los hombres, en una decisión que puede ejecutar cada individuo. Haciendo hincapié en que una cosa es desear y otra tomar una decisión.

Y además eso es de homínido con neocortex: tomar la decisión y ejecutar.

Es interesante escuchar a Tal Ben Shahar hablando por sobre la felicidad. Propone una serie de acciones para ser feliz:

  1. Relaciones personales y no virtuales. El homínido que somos reacciona con otros homínidos y empatiza con ellos cuando físicamente los trata, los toca y los abraza.
  2. Simplificar la vida, aprender a concentrarse , ser monotarea. Estar a lo que estás.
  3. Ejercicio Físico. Dice que 30 minutos 3 veces a la semana es suficiente para poner nuestras hormonas en niveles de felicidad. Propongo caminar a la ermita de Santa Ana y mirar el mar desde allí
  4. Darnos permiso para llorar. Acompañar al enfermo, enterrar a los muertos, consolar al afligido ¿Felices los que lloran?
  5. Expresar gratitud. Agradecer es apreciar, subir de precio. Ser agradecido es reconocer que otros hacen cosas gratis por nosotros.
  6. Encontrar significado a nuestra actividad al menos una una hora al día.

Filosofía y Felicidad

Los psicólogos positivos saben que lo que están descubriendo ahora lo dijeron los filósofos hace mucho tiempo. En general todos estos investigadores están redescubriendo, el continente que los grandes pensadores ya sabían.

Evidentemente al ser humano le preocupa la felicidad, desde que empezó a comer todos lo días. Y dado que en los últimos milenios el hombre ha evolucionado poco, lo que pensaron los filósofos sigue siendo lógico. Por eso compensa leer lo que pensaron los filósofos sobre la felicidad (aquí un resumen tan inútil como cualquier otro).

Desde la felicidad según la sabiduría oriental milenaria (“la felicidad no es una meta sino un camino”, “vive el presente” pequeño saltamontes) a la occidental del siglo XX (“la felicidad es la vida dedicada a ocupaciones ligadas a la vocación”, “el sentimiento de que el poder crece”…).

Interesantes son los estoicos (nunca bien entendidos) y que en este vídeo se puede escuchar un buen resumen. Los estoicos están muy entroncados en la tradición cristiana: las pequeñas mortificaciones (ducharse a veces con agua fría nos permite agradecer el agua caliente), pensar que somos mortales (Enterrar a los muertos e ir a los cementerios a rezar por ellos) es un “memento mori” para recordar que hemos de disfrutar de la vida. Pero hay más corrientes filosóficas que nos hablan sobre cómo relacionarnos con el placer y con el bien también tenemos epicúreos y utilitaristas…

Religión y Felicidad

Recomiendo la entrevista  citada del psicólogo positivo Tal Ben Shahar en el que asegura que al religión tenía razón y la filosofía se equivocaba. Sé que saco la frase de contexto pero lo dice y además me viene bien para hilar la parte final del análisis.

Cierto que actualmente ha habido algún cambio. Fundamentalmente las redes sociales cuyos algoritmos están preparados para hacerte infeliz . Pero por lo demás somos bastante iguales a nuestros antepasados.

Es interesante recordar que las filosofías dan una moral y una metafísica. Pero las religiones nos dan dos cosas más para ser felices: sentido de transcendencia y rituales para mejorar.

Que nuestra vida (incluyendo el sufrimiento) tenga sentido es bueno para la felicidad. Que nuestra vida tenga ritmos reconocibles da sensación de control. Que tengamos rituales para pedir perdón y para ser agradecidos y que eso genera felicidad son cosas que la piscología positiva ha aprendido recientemente.

Pero los cristianos tenemos algo más. Les costará aprender a todos los anteriores, porque ya nos cuesta a los que creemos en Jesús y no partimos con prejuicios.

Jesús nos quería dichosos, bienaventurados, felices y por eso nos propuso las bienaventuranzas.

Las bienaventuranzas son unas recomendaciones contradictorias. Tan contradictorias como la propia Cruz donde colgaron a un hombre ágrafo que dedicó el 90% de su vida a nada concreto, y la otra parte de su vida a charlar con sus discípulos. Nada que ver, aparentemente, con la felicidad. Chesterton (creo que en Ortodoxia) nos ilustra con que la contradicción de la Cruz es la que le permite crecer al infinito, no como el círculo de las filosofías orientales que se encierra en sí mismo.

Las pequeñas bienaventuranzas y alguna otra recomendación

Como hasta para los cristianos las bienaventuranzas son complicadas (“esforzaos por entrar por la puerta angosta”, “felices los que lloran” es una recomendación difícil de aceptar) son muy de agradecer las “pequeñas bienaventuranzas” (les petites béatitudes) de Jean Follet.

La primera de todas, vale todo el esfuerzo.

  • Bienaventurados los que se saben reir de sí mismos: siempre tendrán motivo de diversión
  • Bienaventurados los que saben distinguir una montaña de una topera: se ahorrarán muchos quebraderos de cabeza.
  • Bienaventurados los que son capaces de descansar y dormir sin justificarse: serán sabios.
  • Bienaventurados los que saben callar y escuchar: ¡Aprenderán cosas nuevas!.
  • Bienaventurados los que son lo bastante inteligentes como para no tomarse en serio: su entorno lo apreciará.
  • Bienaventurados vosotros si sabeis mirar con seriedad las cosas pequeñas y con tranquilidad las cosas serias: llegareis lejos en la vida.
  • Bienaventurados si sabeis admirar una sonrisa y olvidar una mueca: vuestra vida será luminosa.
  • Bienaventurados si podeis interpretar siempre con benevolencia las actitudes de los demás, aunque las apariencias sean contrarias: os tomarán por ingenuos, pero ese es el precio de la caridad.
  • Bienaventurados los que piensan antes de actuar y oran antes de pensar: evitarán hacer muchas tonterías.
  • Bienaventurados si sabeis callar y sonreir aunque os quiten la palabra, cuando os contradigan u os pisoteen: el Evangelio empieza a penetrar en vuestro corazón.
  • Bienaventurados sobre todo vosotros que sabeis reconocer al Señor en todos los que encontrais.

En general la religión cristiana católica aúna las diferentes tradiciones orientales y occidentales sobre la felicidad. A lo largo de los siglos  ha dado cabida, tanto a los estoicos monjes cartujos, como a los más hedonistas cardenales de la curia (y que ellos me perdonen). Tanto para ser desprendido como un franciscano o un párroco del puño cerrado. Asocial como un eremita o social como una abadía. Igual para el que se centra en el estudio como para el que se centra en el amor.

Porque la contradicción de la Cruz deja espacio para todos.

Incluso para los que deciden ser infelices. Porque si ser feliz es una decisión se puede decidir ser infeliz.

A los que en el uso de su libertad decidan no ser felices, Santo Tomás de Aquino y otros muchos santos, les piden que al menos sean afables: benignos, indulgentes, agradecidos, alegres, cordiales, respetuosos, comprensivos, amables. Y me parece adecuado, así al menos no nos molestan en la tarea de ser felices los demás.

Pero si decides ser feliz, por un camino que la psicología cognitiva comienza a reconocer, la Iglesia Cristiana -como otras religiones- propone desde hace siglos algunos atajos y estos cuatro son para mí los principales:

  • Hacer obras de misericordia. Tanto las corporales (visitar enfermos, enterrar muertos, dar de beber al sediento, vestir al desnudo…) como las espirituales (enseñar al que no sabe, consolar al triste, perdonar las injurias, corregir al que se equivoca…)
  • Vivir el presente. Abandonando el pasado en manos de la Divina Misericordia y confiando el futuro a la Divina Providencia.
  • Perdonar. Es la característica fundamental del cristianismo. Perdonar (y sus hijos pequeñas como ser indulgente, olvidar…) hasta 70 veces 7.
  • Ir a Misa. Es un ritual donde se pide perdón, se da las gracias, se pide ayuda, se reconoce la dependencia liberadora, se recuerda a los muertos, se aprende de la sabiduría… y encima se conoce a gente.

Por último en esta época de empoderar a las mujeres, hay que recordar a una de las mujeres más empoderadas de la historia: Santa Teresa de Jesús. Santa Teresa compuso un poema que expone como resolver el miedo y la ansiedad, el último impedimento que el homínido Punsetiano tenía para ser feliz:

Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda,

La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.

 

¿Por qué nos negamos a explorar oportunidades de mejora?

Es obvio que cualquier organización (empresa, familia, club deportivo, o yo mismo como individuo) tiene oportunidades de mejora.

Oportunidad de mejora es un eufemismo para no tener que decir “problema”. Un eufemismo sano porque pone el foco en lo que se puede hacer mejor.

El “problema” de identificar oportunidades de mejora es que siempre es alguien de fuera quien nos lo hace ver. Para nosotros, nuestra situación es simplemente nuestro hogar,  nuestros hábitos, “nuestras manías”…

Por eso, si quieres mejorar, se suele recurrir a alguien externo que nos oriente. Que nos entienda y nos sugiera pequeñas cosas que nos hagan cambiar en nuestra organización.

Pero los problemas de organización, no sólo son difíciles de ver desde dentro. Lo más complicado es que la resolución de esos problemas suele requerir de los participantes para resolverlos.  Y estos en general no van a a estar a favor de cambiar.

Así que ejecutan  la defensa del statu quo colocando tres barreras prácticamente infranqueables:

La primera barrera suele echar fuera a muchos moscones: “no hay un problema“. Esta frase se puede expresar de muchas maneras, pero tiene el importante efecto de que avisa a los navegantes de que va a haber guerra.

Segunda barrera: “es un problema pero no podemos hacer nada por resolverlo“. Básicamente el interlocutor nos indica que el problema está fuera de sus manos así que bastante hago con sobrevivir a la situación. En muchos casos nos pondrán como ejemplo a consultores que ya lo intentaron, o señalarán con sus dedos hacia otro lado, para que el atacante desvíe la atención.

Sólo los valientes consiguen llegar a la tercera muralla: “Esa  que propones no es solución al problema“. Es el momento de comenzar a escuchar alternativas. Porque han admitido que hay problema, que lo tienen identificado y por eso no les gusta la solución. Pero no te fíes de ellas, porque es muy posible que en realidad, estén volviendo a levantar la primera muralla parcheando un indicador.

En esos casos comienzo a preguntarme,  ¿y si lo que yo llamo problema es en realidad la solución a algo mucho más grave?…

Me decía un amigo que si alguien te dice que su organización no tiene problemas, ¡ese es su problema!

En su versión políticamente correcta: “Si no tienes oportunidades de mejora, esa es tu principal oportunidad de mejora”

Ícaro, gestión empresarial y ser padres

Ayer mi hija me pidió que le explicara el mito de Ícaro (y no pude). Hoy me ha llamado un antiguo alumno que montó una startup. Luego he estado comiendo con unos amigos, todos con hijos en edad de conflictear.

Dice el mito de Ícaro que Dédalo (su padre) le construyó unas alas a su hijo para huir de una isla. El padre (que algo sabía de las alas de plumas y cera que había construido) le dijo al hijo que no volara demasiado alto porque el sol derretiría las alas. Ícaro, hizo lo que cualquier hijo con alas nuevas haría: una vez entendió que podía volar se dedicó a subir hacia el sol. Y lo que tenía que ocurrir ocurrió.

Mi antiguo alumno está encantado y preocupado a la vez. La empresa en la que han invertido mucho esfuerzo está empezando a dar beneficios. Y la relación entre los socios están comenzando a sufrir pequeñas tensiones. Y las tensiones sólo pueden ir a más. Lo que funcionó bien para rasear no funciona bien para volar alto. Espero que cambien de alas porque no me gustaría verlos caer. Han puesto mucho esfuerzo en ello, pero ya ha pasado en otras ocasiones. Nuestros hábitos son nuestras alas a determinada altura pero pueden ser nuestro plomo en otra altura.

Mis amigos y yo compartimos pasión por nuestros hijos. Pasión también en el sentido de padecimiento. Los niños ideales que eran están comenzando a cambiar (afortunadamente). Las alas que les han funcionado estupendamente hasta ahora probablemente ya no valen a partir de ahora. Y las nuestras,  para enseñarles a volar, también tienen sus limitaciones.

Reconocer nuestra aportación en el conflicto nos exige comenzar a actuar. Por eso es más cómodo echarle la culpa a otro.

Leí una vez que es conveniente no utilizar la palabra culpa al trabajar nuestros conflictos (que no problemas). Proponían el uso de la palabra aportación porque no tiene connotación ni positiva ni negativa.
En culpa, hay una aportación siempre negativa, generalmente del otro. Una aportación es una palabra neutra. No podemos ponernos a la defensiva con ella.
Un ejemplo. Supongamos que nos preocupa el absentismo en mi organización (empresa, oficina, asociación, falla…).
Como jefe, coordinador o presidente, puedo echarle la culpa a que el trabajador es un vago, o a que ahora “la gente joven” tiene poca responsabilidad, o a que la nueva novia de mi socio no le deja pensar.

Si le “echo la culpa” al co-laborador no puedo hacer nada, es cómodo. Más cómodo aún si se la echo a la novia de mi socio, o al médico de la mútua.
Si contemplo la situación desde un punto de vista de aportaciones, mi aportación existe. Y a partir de ahí podré plantear líneas de acción para mejorar la situación (el lector atento verá que no he dicho: “soluciones para atacar el problema”, he escrito “líneas de acción para mejorar la situación” ).

“Yo sé quien es el culpable de todos los problemas” es una frase que encontré una vez en un test psicotécnico. Un amigo sicólogo me dijo que me sorprendería la cantidad de gente que ticaba “completamente de acuerdo” a esas preguntas.

Y es que, en realidad, echarle la culpa al otro, es lo más cómodo. No sólo porque nos exime de toda responsabilidad sino que además no nos exige hacer nada.

Dicen que escribo en prosa pero yo escribo como quiero. ¡Faltaría más!

En el primer relato del Génesis, Dios da al hombre el mandato de tomar posesión de la Tierra. En el segundo relato del Génesis, Dios encarga a Adán que de nombre a los animales que había creado. Es el mismo hecho, contado de dos maneras. Las cosas no las creó el hombre, pero el hombre tomó posesión de ellas dándoles nombre.
Dar nombre a las cosas permite  aprehenderlas. Pero también aprenderlas, comprenderlas, y sobre todo comunicarlas.
La falta de  vocabulario compartido impide la comprensión y la comunicación. Si no sabes qué es el color verde esmeralda, es difícil hablar de ese color, aunque lo veas.

Pero nosotros no somos Adán. La mayor parte de las veces las cosas ya tienen nombre. Y debemos aprender de memoria los nombres de las cosas.

Mis alumnos suelen pensar que soy pejiguero con esto de utilizar la palabra adecuada. Que no hace falta la palabra si lo has entendido. Sin embargo no se trata de entender la idea cuando te la explican, se trata de utilizar la palabra adecuada para explicarte.

Cuando visito empresas ocurre, muy a menudo, que el empresario se molesta cuando le indicas que le iría mejor si hiciera  previsiones, calculara un plan maestro, explosionara una lista de materiales o desarrollara un plan estratégico…
Te dicen que eso son “cosas de Universidad”, (o “nosotros no somos Ford” ). Y te echan en cara que les va muy bien sin saber “tanta tontería”.
Y ahí comienzan (y lamentablemente acaban) los problemas de comunicación. Te contratan porque tienen un problema. Te despiden porque le pones nombre.

Tienen los psicólogos palabras raras para referirse a los problemas del individuo. Pero no nos gustan que las utilicen con nosotros. Quizá porque nos asusta que nos entiendan y nos dejen sin excusas. O quizá porque no queremos ser clasificados: No queremos que asignando un nombre a nuestra realidad tomen posesión de ella.
Somos, queremos ser,  individuos imposibles de aprehender. Y nos convertimos en individuos imposibles de compartir, de aprender, de mejorar.

Monsieur Jourdain es un personaje de Moliere que representa a un nuevo rico en “El burgués gentilhombre”. Un día su profesor de filosofía le dijo que hablaba en prosa.En la obra, M. Jourdain se alegra de saber que habla en prosa. Moliére comete un error al describir a su personaje. En la realidad, M. Jourdain hubiera despedido al profesor de filosofía, porque “yo habla como le da la gana, no como dicen  los catedráticos de filología”.

Reunirse en el Siglo XXI ¿para qué?

Daba por supuesto que sabía para que servía una reunión.
Yo creía que convocar una reunión servía para repartir información, para capturar información y para tomar decisiones.
En nuestra sociedad hiperconectada del siglo XXI puede parecer que han dejado de tener sentido. Podemos creer que el intercambio de información se puede producir de manera más eficiente enviando correos electrónicos (que sabemos que nadie lee) o leyendo guasaps del grupo (con la calidad que se le supone a esa información). Y además la toma de decisiones se puede sustituir por votaciones online (doodles, googleforms, ferendum…)

Sin embargo un amigo me hizo caer en la cuenta que hay más razones por las que tomar reuniones.
Desde el punto de vista jurídico, lo relevante de una reunión es que existe un acta que permite justificar las decisiones que se tomaron, cuándo y quienes. Por si hay responsabilidades legales. Según esta interpretación la reunión debe existir para que exista el papel que le da sentido (a la reunión).
Hay gente para las que las reuniones son el modo de cobrar dietas y comisiones. Gracias a una convocatoria oficial son justificados los desplazamientos y su abono, las comidas fuera de casa e incluso el cobro de una remuneración. Casos se dan en los que se convoca una ordinaria y una extraordinaria en el mismo día para poder doblar los ingresos de los participantes.
Hay gente para las que las reuniones son el modo de demostrar poder. ¿De qué sirve ser el director si no puedes reunir a mucha gente para que te escuche?
O para exhibir inteligencia…En muchos claustros de profesores las reuniones son utilizadas para exhibir la inteligencia natural de los participantes, que de otro modo sólo pueden exhibirla delante de alumnos que no saben apreciarla bien.
En ocasiones utilizamos las reuniones como el lugar donde se toman decisiones consensuadas, para que no tenga que tomar las decisiones la persona a la que le corresponde hacerlo. De este modo, el temor a la soledad, queda cubierto por el asentimiento de la asamblea.

O para ver a los compañeros. En un mundo ultra-desvinculado como el nuestro, tomar contacto físico con otras personas, se convierte en una necesidad acuciante. ¿de qué sirve hacer una reunión virtual si lo que quiero es “tocar carne”?

Hay gente para la que lo importante de la reunión es poder hablar antes y después con los jefes. Esos que intentan esquivarlos y es ese momento pre y post reunión el que permite comunicar confidencias a quien puede no tener interés en escucharlas.

Pero es posible también que las reuniones tengan sentido.
Por ejemplo para “hacer equipo”: Si necesito que mi equipo me siga para ejecutar una decisión no basta con contarsela , generalmente debe comprender el problema (o mi análisis del mismo).

Y eso no se puede hacer con herramientas online. Hace falta algo más. Si sólo quieres un like en el instagram, basta con enviar un guasap.

Pero si quieres compromiso de verdad hará falta ver a la gente de verdad…


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